15 de febrero de 2018

miro a los pájaros con asombro infantil
porque se que ellos sí se irán
esta tarde o mañana
a más tardar

5 de febrero de 2018

afuera nieva
y en la biblioteca los jóvenes de enfrente se enredan en un beso inocente y torpe
afuera nieva
y miro absorta el manto blanco de los tejados,
la suavidad con la que se deslizan los coches por la ciudad,
la alegría serena del asfalto
afuera nieva
y las manos tímidas de los jóvenes de enfrente se reconocen en caricias lentas
dibujándose sin miedo
hoy todo parece lejano y fácil
como la memoria infantil de un campo helado

madre

la última vez que jugué con la nieve tenía siete años y ya no queríamos a papá
ese día comimos en un bar de carretera, remoto y lúgubre
cansados de buscar durante horas un sitio donde estar
te dije: "soy la única niña aquí" y tú dijiste irritada: "seguramente seas la única niña que ha pisado este lugar"
nos sentamos en la única mesa libre, al fondo de ese comedor estrecho 
los camioneros me sonrieron y su rostro tosco y grave se me antojó dulce y suave como un copo de nieve
nevó mucho ese día
recuerdo que tuvimos que pasar la tarde jugando a las cartas sobre el mantel sucio de la comida
hasta que el temporal amainó
guardo las últimas fotos de una familia aparentemente feliz
el matrimonio y su única hija pasando un domingo invernal en la sierra
los tres sabíamos que sería el último y a los tres nos aterraba lo que vendría después
de camino a casa nadie habló, nos limitamos a escuchar los mismos éxitos de los ochenta una y otra y otra vez hasta que al fin llegamos
las cajas se expandían por el sótano y mis muñecas ya no me esperaban ansiosas en la cama
yo no sabía que tenía que hacer y te seguía a todas partes intentando imitar tu aparente serenidad
cenamos las dos solas ese día y me acostaste temprano
teníamos miedo
a la mañana siguiente nos fuimos y ya no volveríamos a esa casa nunca más
papá nos llamaba todos los días a la misma hora, las nueve y cuarto de la noche
y, a veces, venía a dormir a nuestro nuevo piso con una mochila repleta de camisas para planchar
ya no le queríamos pero nos daba pena su abandono
no nos gustaba ni su egoísmo ni su furia ni su soberbia
pero nos siguió dando pena un millón de años más
lo cierto es que no volvió a nevar como aquel día
todos los años por estas fechas los telediarios se empeñar en recordárnoslo
nos siguió dando pena un millón de años más

este poema es para ti

nuestra obra maestra es la vida privada
es el título de un poema de mark strand
que me hubiera gustado haberte leído
hoy se que nunca más te lo leeré
que seguramente tú nunca lo leerás
que dormirás cada noche, borracho y triste
con una chica dócil distinta cada temporada
de la que apenas podrás recordar el nombre
cuando los años pasen y estés aún más borracho y más triste
sin saber que nuestra obra maestra es la vida privada

9 de enero de 2018

pienso en nuestra cocina diminuta
en las frutas podridas
en el mantel de flores siempre sucio
pienso en nosotros a medianoche
intentando pelar patatas
rehogando amargamente la cebolla
sucumbiendo ante la desesperación
de una escena triste en una película mediocre
el ronroneo infatigable de la gotera
los muebles roídos de tu madre
el colchón en el suelo
y la falta de mantas en invierno
pienso en nuestro piso franco
pienso en nosotros
pienso en cómo ese lugar
nos empujó a odiarnos

2 de enero de 2018

un recuerdo lejano

desde el autobús
el paisaje alegre de la provincia de girona 
parecía un cuadro; 
luego, fuera 
mejoraba cualquier memoria infantil 
de un campo de flores
(no te contesté la carta y quién sabe si la contestaré algún día. no sé muy bien qué decir o si hay algo que decir. me acuesto para dormir y me levanto para no pensar, sólo actúo, automática, rápida, febril. a veces, mientras me ducho tengo recuerdos imprecisos que me devuelven a donde no quiero y entonces cierro el grifo, me seco ágil y me pongo a buscar noticias curiosas y absurdas en internet (:plantas asesinas, animales mágicos, genealogía ovni). algunas de ellas también han logrado aventurarme por caminos -me miento- ya lejanos -el pacto consistió en el desarraigo- y entonces, de nuevo, el mismo ritual: cierro la página y voy apresurada hasta la cocina, pelo cuatro patatas, dejo legumbres a remojo, llamo a mariana y a la abuela, escribo sus recetas culinarias en el cuaderno, me dejo ser lo que no soy, qué rico quedó el puré, me digo casi enloquecida cambiando de canal una y otra y otra vez.)
quería escribir algo que no fuera una nueva dosis de mi pornografía emocional y de nuevo cometo la arrogancia de empezar con una primera persona fracturada que sólo puede resultar aburrida, anodina, asquerosamente infantil en su falta de entereza y en su sobradamente demostrada desconfianza hacia todo lo que sea fuera, otro, lejos de las pueriles turbulencias de un yo tambaleante. de nuevo, otra entrega de la mala literatura del que se dedica a sufrir como si fuese el elegido para esa labor ingrata y poco digna. llegados a este punto reconoceré -se intuye fácil- que no estoy escribiendo para mí, que estoy escribiendo para alguien que me exige hacerlo siempre mejor, y estoy anulando mi voz en pos de la aprobación de alguien inexistente. me gustaría sacrificar esta ridícula necesidad de aprobación ajena y quedarme quieta, quieta para siempre, tumbada en un prado muy verde, cerca del río, de ese río, dibujando formas de nubes inventadas, nubes elefantes, nubes selvas tropicales, nubes bicicletas. continúo sin escribir para mí porque, siendo sincera, me quería contar otra cosa, algo mucho más honesto que toda esta verborrea ya demasiado repetitiva. en fin, no puedo. así que quizás debería pararme aquí sin haber dicho apenas nada con sentido, nada con sentido en absoluto más que "mírame, hola, estoy aquí, aún estoy aquí, continúo aquí y me encantaría, me gustaría mucho que me miraras y te bañaras conmigo en ese agua helada para siempre".
puede parecer lo contrario
pero sólo deseo una vida tranquila: 

tener castaños y algún riachuelo cerca; 
que haya verbenas los domingos
y que bailemos agarrados antes del primer beso; 
invitar a todo el pueblo a las barbacoas en el patio,
acariciar a las gallinas de la cuesta de la escuela
acabar los días cantando borrachos las canciones de mi abuela
y que vayamos a misa a leer libros prohibidos 
en el último banco de la iglesia 

es desoladora la certeza de lo ficticio 
pero qué bien nos sienta soñar un rato 

Nuestras vidas no lo lamentemos
son como cigarrillos frenéticos
que en días de tormenta
los hombres encienden contra el viento
con hábil mano protectora
y después se encienden tan a fondo
como deudas que no podemos pagar
y se fuman tan deprisa a sí mismos
que uno casi no tiene tiempo de encender
una segunda vida que podría
desarrollarse más blandamente que la primera
y en definitiva no saben a nada
y por lo general se tiran.

MALCOLM LOWRY

"(...) Mejor, dijiste, permanecer escondido
durante las primeras lecciones, puesto que la promesa de aprender
es una desilusión, le expresé mi conformidad, y añadí que 
el mañana alterará el sentido de lo que hayamos aprendido,
así es cómo el proceso de aprendizaje se extiende, desde esta perspectiva
ninguno de nosotros se licencia en la universidad,
porque el tiempo es una emulsión, y probablemente pensar en no crecer
sea la clase de madurez más brillante para nosotros, ahora y en cualquier otro momento.
Ves, ambos tenemos razón, aunque nada
encuentre la manera de llegar a ser nada; los avatares
de nuestra conformidad hacia las reglas y el vivir
cerca del hogar han hecho de nosotros, al menos en un sentido, “buenos ciudadanos”,
nos cepillamos los dientes y todo eso, y aprendimos a aceptar
la caridad de los momentos difíciles cuando se nos entregan,
pues así es la acción, este no estar seguro, estos descuidados
preparativos, sembrando las semillas torcidas en el surco,
listos para olvidar, y regresando siempre
al amarradero del inicio, a ese día hace ya tanto tiempo." 



JOHN ASHBERY. En El doble sueño de la primavera, 1970
Versión de Gonzalo Torné
estoy en el tren llegando veinte minutos tarde al sillón por el que pago para recostarme y llorar durante cuarenta y cinco minutos ––aunque a veces se alarga a una hora porque me niego a levantarme en ese estado, que luego me miran con compasión los jóvenes bohemios y las familias pudientes por san bernardo, los detesto––. hoy no podrá alargarse porque es un sillón que no acepta que no te ciñas a la hora prevista para su uso. en días así, se comprimir el llanto para que sea lo pactado, aunque ese ejercicio de compresión requiere algo más de esfuerzo por mi parte y hay veces que no estoy dispuesta y me niego, como niego tantos pactos a los que me someto por obligación. hoy se que lo haré bien porque tampoco a mi me apetece quedarme en él, aplastada y mecida por sus pliegues de piel falsa, levemente acariciada por los tres pelos canos de la señora viuda que se recuesta en él antes que yo a enumerar su lista de fracasos o su lista de la compra.
sobre el sujeto amatorio piedad bonnett señala: 
"el amante es el que da las batallas; 
el amado, en cambio, pobrecito, 
no es más que un ser imaginario.” 
amar sin esperar ser amada: 
he aquí mi único gran y verdadero esfuerzo.
a la ciudad le despiertan sus pájaros
rebelándose ante cualquier atisbo 
del mal llamado progreso
están las iglesias y los bares cerrados
hay un gato negro que bosteza y me mira
en la terraza del primer edificio de la calle de la esperanza
a las 14:32 se levantan persianas y se oyen risas infames, 
seguramente, ejecutadas desde la cama sucia 
del primer edificio de la calle de la esperanza
en un escalón: resignación y pobreza
en el cristal: destellos lumínicos esperanzadores
es el primer día de un nuevo año.
Admirábamos su aspecto de estar siempre a punto de subir a un tren, o de acabar de bajarse de él en ese mismo momento.
Natalia Ginzburg


recorro las calles toscas de esta ciudad infinita
camino como si me estuviesen esperando desde hace años
para dar comienzo a algo imprevisible, 
loco, torrencial
apresuro mis pasos 
acaricio las entrañas de los árboles
saludo a los vecinos del mercado
corro alegre besando el asfalto sucio con mis zapatitos de niña
voy al encuentro de lo inesperado, me digo
me están esperando, susurro
no os vayáis sin mí, les grito a los pequeños gorriones
que alzan el vuelo sin avisarme 



27 de diciembre de 2017

recuerdo que en casa de mi abuela había una piedra grande
–una piedra paleolítica que, seguramente,
había pertenecido a todas las mujeres del mundo–
durante la sobremesa se sentaban cuatro o cinco mujeres robustas
que lo sabían todo de la vida y de la muerte y,
a las que siempre escuchaba fascinada.
yo me sentaba en las rodillas de mi abuela tura hasta que se quejaba,
cada año un poco antes, del dolor de mi carga.
cuando tuve edad para sentarme entre las mujeres mi abuela murió
cediéndome el espacio muerto de su piedra, la piedra de todas las mujeres.
hace unos pocos años la piedra desapareció;
alguien decidió que no haría nunca más falta:
ya no quedaba ninguna de aquellas mujeres;
tampoco sus descendientes parecían recordarla.
ahora, sentada en una de esas silla de plástico industrial
fabricada en cadena bajo la dictadura de un sistema atroz pienso
en la piedra, la piedra de la casa de mi abuela, la piedra de todas las mujeres
y pienso en cómo se me negó obligándome a abalanzarme sobre el progreso,
¿sobre qué progreso?




“La paz solo es posible para los agricultores. Sólo los agricultores se alimentan directamente de su trabajo. Los habitantes de la ciudad inevitablemente se alimentan los unos de los otros”



me despierto temprano: sin vocación, sin ganas

aún con el pelo mojado en el metro.

en el tren, sentada frente a una adolescente que me mira de reojo

como intentando discernir qué es lo defectuoso,
lo que no le encaja de lo que ve en mí.

hago gestos de estar muy cansada,

suspiro,
me reclino en el asiento mientras veo el infinito páramo amarillo
donde intentan alzarse,
con la fuerza pavorosa de los hombres y el dinero,
cinco nuevos edificios en fuencarral.

me fascina pensar en los engranajes

que hacen que las vidas avancen en un sentido y no en el esperado:

¿qué quedará de esto que soy hoy en quince años?,

¿se acordará alguien de que un día, también yo,
quise descalzarme y bailar sobre todos los campos aún no heridos?
vuestra felicidad se parece mucho a la tristeza:
ruidosa y exhibicionista

9 de diciembre de 2017

me he tomado un té rojo buenísimo
y ahora el día sólo puede mejorar metiéndome en la cama


los artistas me parecen todos aburrídismos,
¿has visto lo fácil que es admirarse
por una silueta inventada en el cielo?

24 de octubre de 2017

recuerdo mi enfado porque te habías dormido temprano
una mujer enrabiada parloteando sin parar
sobre cosas -aún puedo oírte- ridículas
-brujas, enfermedades tristes en muertes prematuras,
mujeres solas en noches eternas, lluvias torrenciales,
vidas extrañas en planetas lejanos, plantas venenosas,
fantasmas que burbujean en todos los rincones de la estancia-
a esas horas de la noche mi verborrea relucía
y tú asentías sin fuerza
-en un movimiento aprehendido-
a todas mis preguntas absurdas
-¿puede el sol cansarse de existir?, ¿cómo podríamos planear
nuestra muerte sin participar en su autoría?,
¿habrá lobelias en los océanos desconocidos?-
pero, como otras veces, te habías quedado dormido
y yo, abrazada a la almohada en un gesto infantil de consuelo
te miraba irritada y juraba que mañana dormiría en otro país,
muy lejos, muy sola y muy valiente



"¿en base a qué indicio se establece la vida o la muerte de un escritor? ¿Acaso X está vivo y es contemporáneo porque puede ir a una reunión y Marcel Proust está muerto porque ya no puede ir a ninguna parte? De esa forma sólo se puede juzgar a los velocistas". 

Marina Tsvetáieva 


10 de agosto de 2017

¿aún no han muerto todos?

Heme aquí, solo en la Tierra, sin más hermano, prójimo, amigo ni sociedad que yo mismo

Rousseau

yo venía a decir cosas que nunca hubiera dicho nadie
nunca nadie
pero ya no quedan
ninguna palabra está intacta
ninguna emoción resulta ya estrafalaria
mi abuela murió hace siete años
y aún hay caramelos suyos en su cesta de mimbre
¿qué pasará con la venta de caramelos cuando nuestros abuelos mueran?

*
el verano es lento y pienso cosas inconexas
en este pueblo aún quedan dos esqueletos que tiemblan y beben
y parecen musitar algo en algún idioma que sólo ellos entienden
discuten en el mismo bar desde el año cuarenta y ocho:
el límite de tierras, la producción de lúpulo de san román de los caballeros,
la muerte de otro vecino: ésta vez le tocó a antón el de la cuesta de la escuela
al fin uno se yergue y pronuncia sin solemnidad algo que reconozco:
"yo he sido un pobre hombre, un desgraciado y un miserable toda la vida",
todos se ríen. uno alza la mano y parece querer pedir algo,
lo intenta pero no lo recuerda.

*
aquí los días se doblan sobre sí mismos,
pesados en su terquedad, aburridos de no saber hacerlo mejor
la única muestra de afecto son las moscas acariciando sin fuerzas mi rodilla
durante la sobremesa, ¿sabrán ellas, al menos, los días que les quedan?
las tardes se alargan hasta la caída del sol
entonces me levanto cansada y busco por la casa la bata de franela de la abuela
recuerdo quién era yo, hace diecisiete años,
cuando la compramos en el mercadillo de carrizo
a pesar de lo que les digo los años no me han cambiado nada:
la misma euforia y decepción constantes,
el mismo mecanismo de defensa para que al final,
los culpables del desenlace no deseado sean los errores cometidos
uno tras otro y en diferentes formatos:
siempre nuevos, siempre dispuestos para ti
y a pesar de todo,
el verano y la muerte,
las moscas de verano y su prematura
muerte leve e indolora
permanecen intactos.

2 de agosto de 2017


«La palabra «yo» es tan vacía como la palabra «muerte»

Richard Rorty, 1987


es el segundo día de agosto y son las 13 y 13 de la mañana
desnuda en el sofá pienso en cómo me recompondré y
bajaré al mercado a comprar la bolsa de legumbres más barata
la nevera vacía, las flores de la terraza muertas y mi habitación
tristemente encadenada a un llanto difuso
hay demasiada gente ahí fuera
un sinfín de estímulos
tiendas, coches, edificios altísimos
que sueñan en voz alta con tu rendición
¿cómo has llegado hasta aquí?
preguntan de vez en cuando los semáforos en rojo de la calle narváez
yo siempre respondo dubitativa que no sé, que quién sabe
y me vuelvo ensimismada, contando cuántos cuadrados deformes quedan hasta casa
ahora tumbada en el suelo de parqué dañado por los años y la falta de cuidado
pienso en cómo he llegado hasta aquí
un permanente desinterés en la vida y sus pequeños seres animados e inanimados
que siempre parecen esperar algo a cambio
¿cómo he llegado hasta aquí? le pregunto a mis manos torpes,
beso mis axilas con la lengua en un gesto que carece de sensualidad
y muerdo mis rodillas asustadas por el desenlace final
¿cómo he llegado hasta aquí?
no lo sé, quién sabe
pero ahora no hay vuelta a casa
parece ser que esto es todo

12 de junio de 2017

La sociedad no debería exigir nada de un hombre que nada espera de ella. 

George Sand, Indiana, "Conclusión"

otra joven más
que deambula entre la desesperanza
y la resignación
mañana no seré ya joven
nunca más joven que ahora
apoltronada en la cama
canturreando las canciones más tristes 
de este mundo 

she had everything she wanted
everything but not enough
she never had love
and she threw it away
in a drug filled haze
one sad day
and they called her
the girl who had everything


como si acaso creyese que puede haber alguien al otro lado

29 de mayo de 2017

mi falta de pragmatismo es conmovedora
por infinitamente triste
si al menos pudiera no tener conciencia extrema
de todo el tiempo perdido
Sin duda me han devuelto la primavera, esta vez
no como amante sino como mensajera de la muerte, pero
en cualquier caso es primavera, en cualquier caso lo hacen
con ternura.

Louise Glück 


existieron días hermosos
bajabas la calle ensimismado 
sin apenas tiempo para darte cuenta
que yo subía a comprar cervezas y vinos al super de la esquina
te sonreía de soslayo y tú me besabas 
la lengua como quien abraza a un hermano
en un reencuentro inesperado
existía el sol, el eterno sol de mayo a plena tarde
y existían los pensamientos inconexos, los abejorros, 
las persianas bajadas de las casas del barrio y 
el tour de francia a cada paso 













22 de mayo de 2017

Los poetas no inventan los poemas
el poema está en alguna parte ahí detrás
Desde hace mucho mucho tiempo está ahí
El poeta no hace sino descubrirlo

Jan Skacel

estoy en la biblioteca leyendo poemas de louise glück
y enfrente
los pájaros revolotean sobre ramas centenarias
pienso en ti y al instante nos imagino
tumbados sobre un eterno campo de flores:
amapolas, malvas, lavandas
acariciándonos lentamente la nuca
qué niña soy, todavía
siento hablarte así
llena de miedo:
tapándome la cara con las mangas de la camisa
un hilo de voz que rasga la suavidad del aire
creceré y me gustaría que pudieras verme
no seré valiente pero hablaré como las mujeres de mi casa
obstinada,  desagradable, segura de mi crueldad
sabré, entonces, que me me habías olvidado
sin embargo me abrazarás largo tiempo
y hundirás mi rostro en tu pecho
como quien se reconoce sin haberse visto jamás
porque no nos habremos visto jamás

18 de mayo de 2017

16 mayo de 2017 [17:28]: hola. estoy en el bus para ver a papá. en otras situaciones te hubiera llamado llorando para que me calmases pero ahora no debo hacerlo. me siento siempre como una niña idiota. ahora tengo que hacerme fuerte. quiero ser una mujer fuerte y valiente. alguien valioso para otro alguien. no quiero más este sufrimiento. ni seguir siendo condescendiente conmigo misma. no quiero que te alejes asustado entre el tumulto de errores cometidos. me vinieron todos de golpe y no veas qué vertigo. 

16 mayo de 2017 [18:43]: quiero vivir por los días de verano. por lo atardeceres hermosos con pájaros nadando en ellos. ¿te acuerdas de los de girona? los más bonitos que vi nunca. seguro que existen para que nos aliviemos de tanto dolor, para que pensemos en ellos y queramos seguir vivos. deberían haber hecho más y más rato. 


16 mayo de 2017 [21:44]: ya he cenado. estoy volviendo a casa aunque me he equivocado de bus y he cogido uno que da mucha vuelta. pero mejor. ahora estoy en príncipe pío. me gusta ver la ciudad así, ajena, tras el cristal. me quedaría toda la noche aquí, dando vueltas. veo como se oscurece todo. la ciudad parece un cuadro impresionista desde aquí. el final del día es raro. ¿mañana cómo será? hoy ha hecho mucho calor. a papá no le gusta pero a mi sí, mucho. aunque sigo con ganas de vivir en otra parte. ahora hace frío porque están las ventanas abiertas y aún no han llegado las noches de agosto. me gusta el río y esta zona. me hace sentir bien. al final nunca dimos paseos por aquí. hubiera estado bien. me gustaría encontrarme contigo en algún lugar nuevo. distinto. sin toda la carga que acumulan los sitios en los que hemos estado. imagino una ciudad nueva, construida para nosotros sobre la orilla de un río, un río muy caudaloso. espero que nos reconociésemos. eres guapo. me gustaría vernos sin dolor. ahora estoy en puerta de toledo. descansa. 




girona, 2017












































13 de mayo de 2017

Suelo despertar con una impresión de infelicidad.
Me pregunto si en la realidad sólo hay ilusión,
pero nada más, no hay nada.

No me hace ilusión la vida formal,

la revolución ni el materialismo,
filosofar sobre esta vida y la de allá, ¡qué pesadez!
Suelo despertar con una impresión de infelicidad.
Si pudiera desaparecer esta desazón,
si no fuera más que un mal momento.
No me hace ilusión ir a trabajar
a un gran almacén, ser ingeniera.
Tampoco veo mi vocación en la maternidad, ¡qué pesadez!
Cómo puede ser tanta adversidad estorbada por pasatiempos.
Pocas cosas hay nuevas bajo el sol
y la novedad tampoco es novedad.
No me hace ilusión esto de escribir,
ni de publicar, ser reconocida.
Tampoco ser la guitarrista de un grupo rock, ¡qué pesadez!
Le Mans


20 de abril de 2017

el viento soplaba fuerte
y mi falda enloquecía
qué brisa qué mar qué moras tan grandes
quiero volver a dormirme en lo alto de la montaña 
protegida por esos pinos milenarios
y confundir el cielo con el mar 

y tener miedo de ese lugar salavaje 

y desconocido que aparece en mis sueños
y me arrastra siempre lejos
muy lejos
porque yo se lo pido con la voz más dulce que puedo:
donde nada haga daño, 
donde nada haga daño, 
por favor 
y él, contrariado, obedece
y las sirenas son tan hermosas 
como en los cuentos de mi infancia 
o más

mucho más

no quiero hacer cosas
no quiero hacer cosas nunca más
y sin embargo aquí me tenéis 
dirigiéndome a quién sabe quiénes
-cuántos más mejor porque entonces
quién sabe-
sí quiero hacer cosas
sí quiero hacer cosas constantemente
todavía temo mi muerte
porque todavía me tengo miedo
entonces, aquí, sola, 
con las persianas bajadas y la puerta cerrada
aúllo y rezo porque haya alguien escuchándome 
que también deseé como yo 
el cuerpo ajeno por asco al propio
¿qué vais a comer?
¿qué estáis haciendo ahora?
¿puedo ir con vosotros?
¿os importa?
¿queréis que os cuente lo que soñé anoche?, 
¿lo que cené anoche?, 
¿lo que pensé anoche?
no, no os asustéis
sólo quiero que abráis mis ventanas 
por mí
que hagáis la comida por mí
que me pongáis un vestido de flores por mí
que estéis aquí
tumbados
meciéndome a vuestro antojo
y me habléis lento
con voz cansada
y me supliquéis que deje esto
todo esto
-ponerme así en evidencia ¿para qué?-
que fuera
que fuera
no se necesita hacer cosas
ni hacer cosas ni aullar
para que se acuerden 
un poco, un poquito nada más
de que sigues viva

se me han sido mostradas la casi totalidad de las cosas. hay cosas que no he visto, claro: tribus salvajes, amores límpidos, ríos torrenciales en el desierto... pero se asemejan a otras que sí he visto y he apreciado: atardeceres lentos como una caricia, jóvenes deseosos en la parte de atrás, la eterna espera al otro en una estación a medianoche. a veces quiero vivirlo todo como la niña imprudente y rebelde que soy; que el mundo me sea mostrado de nuevo, ésta vez, por una mano amiga que no quiera convencerme de que lo hermoso está corrupto y que es solo a través del sufrimiento como se accede a lo valioso -no confundir con lo útil, acercarlo a lo ínfimo-, a lo esencial.

4 de abril de 2017


¿no os cansáis
de luchar por las mismas cosas
una y otra
y otra vez?
¿no preferís la renuncia,
la amnesia,
la vasta desolación?
¿por qué os empeñáis en ser alguien
en construir algo
en someteros a la angustiosa sarta
de pecados que comerter para alcanzar
lo deseado?

la muchacha triste lo sugirió:
lejos del deseo,
estás tú


3 de abril de 2017

Para poder ser quien aún no eres
debes seguir el sendero en que no estás.
Y sólo sabes lo que ignoras
y lo que no tienes es lo que tienes
y estás donde no estás.

(...)
En mi fin está mi principio.
T.S. Eliot.


de pronto nada alivia
todo el dolor del mundo se interpone entre 
nosotros
tú y yo
derrotados
jugando cansados como si 
fuésemos a llegar a alguna parte 
corrimos, corrimos mucho
sin apenas tiempo para vigilar el sendero
lleno de noche, de monstruos, de muertos amenazantes
corrimos, corrimos mucho 
y acabamos en un terreno repleto de ortigas
enormes ortigas balaceándose, suaves, sobre nuestros cuerpos
cosquillas de dolor, te dije
cosquillas de dolor, dijiste
y nos reímos 
nos reímos nerviosos
sabiendo que esa era todo
dos cuerpos enfermos
abrazándose
en mitad de un terreno nocivo 

3 de febrero de 2017

oda a la cama

Y en ese espantoso estado de ánimo me pasaba horas y días mirando a la pared, me atormentaba el espíritu y aprendía poco a poco a comprender lo horrible que es que incluso la tarea o el deber más nimio, como, por ejemplo, ordenar un cajón de cosas diversas, pueda ser superior a nuestras fuerzas. Era como si alguna enfermedad ya latente en mí se dispusiera a declararse, como si algo desmoralizador y obstinado se hubiera metido en mi interior y, poco a poco, lo paralizara todo. Sentía ya tras mi frente la infame apatía que precede al desmoronamiento de la personalidad, sospechaba que en realidad no tenía memoria ni capacidad intelectual, ni una verdadera existencia, que durante toda mi vida sólo me había ido extinguiendo y apartando del mundo y de mí mismo.
Sebald. Austerlitz.

oigo rugir el viento desde la cama 
no me levanto
no quiero levantarme nunca
¿para qué?
vivir las mismas cosas odiosas
una y otra y otra vez 
como en una pesadilla infinita
aquí en la cama
todo está bien
oigo la vida ahí fuera 
cruel, bruta, salvaje 
nociva en su terquedad
pero no me duele 
desde aquí todo parece lejano 
incluso hermoso 
no quiero levantarme nunca
no, no, no
¿para qué? 

¿qué he hecho hoy?
he dormido hasta tarde, muy tarde
me he frotado los ojos con las legañas
y he gritado el nombre de un desconocido 
quién sabe por qué
he mirado desde la diminuta ventana del cuarto 
a todos los tejados de este lado de la ciudad
y me he quedado parada con la vista fija 
en la chica del cuarto derecha que fregaba los platos 
con una canción terriblemente alegre 
no quería por nada del mundo que me pillase espiándola
pero deseaba, desde el más ardiente de los deseos, que me sonriera
aunque sólo fuera en un segundo inexistente
no he hecho nada más en todo el día
que pensar en lo que estaría haciendo
esa chica misteriosa que sonríe en el ascensor
como si no le temiese a nada
en la vida tan ajatreada y excitante que seguramente tendrá
y en lo mucho que, entonces, le aburrirán mis historias