15 de febrero de 2016

leo en la biblioteca un ensayo aburrido de la universidad
mientras lloro sin motivo porque yo desde hace tiempo
ya sólo lloro sin motivo
el chico que tengo en frente mira el móvil
y finge una media sonrisa que no acaba de convertirse en nada
hace frío en esta sala medio vacía a media hora de cerrarse hasta mañana
hace frío y yo pienso en el autobús de vuelta a casa, repleto de gente,
viejos sentados y niños chillando por todas partes
pienso también en lo que me espera en casa
una cena sosa, un par de preguntas absurdas de mamá
una necesidad autoimpuesta de parecer agradecida todo el tiempo
como si no hubiese abrazado ya
el desprecio como autodefensa en la intimidad
qué lento es todo a veces
y cuánto desearía no imaginar a toda la humanidad
sentados en sus palcos de imbéciles
sometiéndome, aterrada, a su juicio
mientras se burlan de mí
por reprimida, por necia, por fea
cuánto desearía poder bailar sin vergüenza
de una maldita vez

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