1 de abril de 2016

te quedaste ahí tan quieto como un muerto de mentira
yo me fui, esperando que mi repentina huida
te ofreciese un motivo para venir en mi búsqueda
no llamaste esa noche, ni la noche siguiente,
ni siquiera la semana después, que me habría jurado llamarías
supuse que preferías alejarte un tiempo
el dolor se te había enquistado adentro de tu cuerpo
y todavía no eras capaz de reconocerte bajo ese peso
con el paso lento de los días
poco a poco dejé de excusarte y empecé a entender
lo que tantas otras veces antes debí haber aprendido:
en la escuela, en casa, en las novelas francesas
pero que siempre -y aún hoy- elegí -cobarde- no saber



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