1 de abril de 2016

escribir... o no escribir,
gritar o callar,
permanecer ausente
o exhibir mi vuelta
como si no siempre se estuviera
yendo y viniendo de ningún sitio

¿qué hacen las personas sensatas cuando todo se tambalea?
¿qué hizo mi padre cuando descubrió que esa miseria de aburridos papeles
desordenados encima de su escritorio era su vida?
¿qué hicieron todos esos niños huérfanos y desvalidos
cuando les dijeron, cuando desde alguna parte de ellos mismos
les dijeron, que tenían que salir ahí fuera y pelearse entre ellos
con la única pretensión de alcanzar una existencia mediocre y absurda que a nadie importaría jamás?

¿no temblaron de miedo?, ¿no se pusieron torpemente a llorar desconsolados?,
¿no quisieron salir corriendo hasta perderse en el enjambre ruidoso de una multitud inexistente?, ¿no llamaron a su madre muerta mientras olfateaban su camisón favorito que todavía entonces conservaban?

es ridículo permanecer aún hoy postrada en esta cama... es ridículo y sin embargo, ¿qué he alcanzado en estos años más que la sensación terrible y asfixiante de estar muriendo de a poco cada día? la misma cama y sin embargo tantos tipos diferentes de desprecio y temor... ¿hasta cuándo se puede aguantar, dime, hasta cuándo, que todo sea siempre igual, que nada cambie, que todo permanezca inalterable hasta el fin último de los días?, ¿es realmente posible arrancarse a uno mismo el deseo que emana de su pobre existencia sin arrancarse también su misma existencia?, ¿por qué, explícame por qué, no hay un lugar secreto esperando por cada uno de nosotros, un lugar secreto y asombroso, tan asombroso que esté repleto de criaturas buenas e increíbles, un lugar necesitado de nuestra llegada tanto o más que nosotros?

debería dejar de escribir diarios desesperados que sólo ayudarán a generar la risa tonta a listillos de instituto, debería dejar de hablar conmigo en las comidas y en los trayectos en tren, debería dejar de aislarme como si el mundo fuese un gran cáncer tratando de alcanzar y corromper mi organismo... en qué momento, dime, dime tú ahora que nadie nos oye, en qué momento me convertí en este amasijo de miedos incontrolables y fobias extremas a lo conocido, siempre a lo conocido, a lo sobradamente conocido

dime, dime cuándo empecé a construirme este hogar ficticio, mal edificado y poco seguro, en el que siempre ando alarmada, intranquila, esperando la desgracia que marque el punto final a esta pesadilla que cada día se extiende un poco más, siempre un poco más, y que un día acabará por cobijarnos a todos, y entonces, entonces es posible que no haya más escapatoria, nunca jamás, y entonces, entonces no digáis que no os lo avisé, que no os conté, desde dentro de mi misma, desde lo más a salvo que pude, todo lo que vivía y sentía para que a vosotros no os pasase lo mismo, entonces no digáis que no intenté poneros al margen de esto, que no luché porque escaparais del sufrimiento, que es el invento humano más zafio jamás inventado, y que sin embargo, y que sin embargo...

1 comentario:

Anónimo dijo...

El ser humano es puro lenguaje pero tú estás más allá