20 de mayo de 2016

día dos: no hay signos de interrogación porque la pregunta deviene en respuesta

un día me prometí a mi misma escribir algo para ti que valiese la pena leer. algo que significase algo que significase algo que significase algo con lo que tú pudieras sentirte orgulloso de mí. no lo conseguí nunca y mira que escribí pero lo acaba borrando asqueada de toda la mediocridad que era capaz de aglutinar sin esfuerzo. toda esa porquería era infumable, realmente infumable, ¿de veras pensaba pasarme los días escribiendo mierdas sin saltar nunca al otro lado, sin proponerme de veras algo más, dejar de escribir y ponerme seriamente a averiguar qué cojones estaba haciendo con toda aquella miseria que era mi vida? escribir, escribir, escribir tiene el mismo sentido que cagar, cagar, cagar salvo que una de ellas puedes dejar de hacerla y no le pasará nada a tu organismo. ¿si lo que escribía era mierda por qué me costaba tanto dejarlo?, ¿por qué no intentaba pasar el rato ordenando el armario o fregando los platos de la cena que acumulaba día tras día hasta formar pilas de tamaños kilométricos que acaban rodando por el suelo? sentirse solo, desesperado, desesperanzado, asqueado y todos los adjetivos que describan cómo es sentirse un día en el mundo sin nada que desear hacer de veras no debía ser excusa o razón para hacerle tanto daño a la literatura, a la que sí servía para algo, a la creada por seres que producían cosas maravillosas con los que tú te hubieras sentido orgulloso de tomar un café, de follar, de querer. quería esto decir que yo estaba tratando de emularles, a ellos, a los ganadores, a los que habían hecho algo que dignificaba el tiempo malgastado encerrado en una habitación sin emocionarse bailando a fuera al son de trompetas imaginarias en una cálida tarde primaveral, para sentir que entonces sí, alguien podía sentirse satisfecho de haberme encontrado; quería esto decir, entonces, que yo no era más que un instrumento, un instrumento bastante inútil de hecho, para poderos convencer, a vosotros, a ti de que merecía la pena vuestra amable atención, de que merecía la pena el café, el polvo, vuestra vida, tu vida, porque podría ser capaz de escribir algo con lo que realmente te sintieses orgulloso de mí, quería esto decir, en fin que...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Te leo habitualmente y nunca soy capaz de discernir si lo que dices es por puro amor a las letras o son sensaciones absolutamente reales y descarnadas. No soy más que un anonimo, una sombra. Si te ha molestado, discúlpame.

Clarice Été dijo...

No molestas en absoluto, todo lo contrario... Es estimulante saber que hay alguien ahí.

Anónimo dijo...

Si te soy sincero, tengo muchos de tus escritos guardados o impresos dado que siempre me pongo en lo peor y pienso que un día cerrarás este espacio y me quedaré sin mi paseo habitual y virtual. Me gusta tu estilo aunque siempre tenga esa duda. Supongo que el misterio es parte de la esencia de lo que redactas.

Clarice Été dijo...

Todo lo que escribo es bastante autobiográfico y confesional... son cosas que siento, pienso o imagino en primera persona. Vaya muchas gracias yo no los guardo en ninguna parte, así que cuando eso ocurra te los pediré o quizá ya no los necesité para nada. Cuando quieras recomendarme cualquier cosa o hablarme de lo que sea no dudes en hacerlo :)