23 de noviembre de 2016

"Déjame que te dé un consejo: la clave para una gran vida está en inventarse primero a uno mismo y recién después a los demás. Ser director y actor protagónico y guionista de tu propia película. La mayoría de las personas lo hacen al revés. Piensan que primero tienen que comprender el mundo. Y se les va el tiempo en eso. Y se mueren sin haber sido nada más que visitantes a un museo cuando podrían haber optado por ser obras de arte" 

Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington 

quise desmayarse allí mismo
llamar la atención a aquellas dos mujeres irresistiblemente hermosas
que hablaban desenfrenadamente sobre sus vidas, sus amores, sus libros 
en uno de esos coloquios donde el público ríe sin saber muy bien por qué 
y las conferenciantes sonríen todo el tiempo, 
aduladas y felices entre tanta exaltación
quise desmayarme allí mismo
que el público y las poetas dejasen de reírse ensimismados
unos con otros, todos con uno
y se girasen ante el estruendo de una silla tan desequilibrada
como su ególatra pareja 
–desmayada sin decencia en mitad de un poema ajeno–
que parasen la función, la farsa excesiva, 
de sus vidas, de sus versos
y gritasen asustados, todos asustados, al unísono
por esa muchacha insignificante que ninguno recordaba haber sido
abogados, médicos, bomberos, ambulancias
que se entregase la ciudad entera si hacía falta
a socorrer la palidez extrema de una piel de una vida
que mañana nadie recordaría haber asistido 

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