10 de agosto de 2017

¿aún no han muerto todos?

Heme aquí, solo en la Tierra, sin más hermano, prójimo, amigo ni sociedad que yo mismo

Rousseau

yo venía a decir cosas que nunca hubiera dicho nadie
nunca nadie
pero ya no quedan
ninguna palabra está intacta
ninguna emoción resulta ya estrafalaria
mi abuela murió hace siete años
y aún hay caramelos suyos en su cesta de mimbre
¿qué pasará con la venta de caramelos cuando nuestros abuelos mueran?

*
el verano es lento y pienso cosas inconexas
en este pueblo aún quedan dos esqueletos que tiemblan y beben
y parecen musitar algo en algún idioma que sólo ellos entienden
discuten en el mismo bar desde el año cuarenta y ocho:
el límite de tierras, la producción de lúpulo de san román de los caballeros,
la muerte de otro vecino: ésta vez le tocó a antón el de la cuesta de la escuela
al fin uno se yergue y pronuncia sin solemnidad algo que reconozco:
"yo he sido un pobre hombre, un desgraciado y un miserable toda la vida",
todos se ríen. uno alza la mano y parece querer pedir algo,
lo intenta pero no lo recuerda.

*
aquí los días se doblan sobre sí mismos,
pesados en su terquedad, aburridos de no saber hacerlo mejor
la única muestra de afecto son las moscas acariciando sin fuerzas mi rodilla
durante la sobremesa, ¿sabrán ellas, al menos, los días que les quedan?
las tardes se alargan hasta la caída del sol
entonces me levanto cansada y busco por la casa la bata de franela de la abuela
recuerdo quién era yo, hace diecisiete años,
cuando la compramos en el mercadillo de carrizo
a pesar de lo que les digo los años no me han cambiado nada:
la misma euforia y decepción constantes,
el mismo mecanismo de defensa para que al final,
los culpables del desenlace no deseado sean los errores cometidos
uno tras otro y en diferentes formatos:
siempre nuevos, siempre dispuestos para ti
y a pesar de todo,
el verano y la muerte,
las moscas de verano y su prematura
muerte leve e indolora
permanecen intactos.

1 comentario:

Alba Flores Robla dijo...

me gustaría mucho que fuéramos amigas