2 de enero de 2018

quería escribir algo que no fuera una nueva dosis de mi pornografía emocional y de nuevo cometo la arrogancia de empezar con una primera persona fracturada que sólo puede resultar aburrida, anodina, asquerosamente infantil en su falta de entereza y en su sobradamente demostrada desconfianza hacia todo lo que sea fuera, otro, lejos de las pueriles turbulencias de un yo tambaleante. de nuevo, otra entrega de la mala literatura del que se dedica a sufrir como si fuese el elegido para esa labor ingrata y poco digna. llegados a este punto reconoceré -se intuye fácil- que no estoy escribiendo para mí, que estoy escribiendo para alguien que me exige hacerlo siempre mejor, y estoy anulando mi voz en pos de la aprobación de alguien inexistente. me gustaría sacrificar esta ridícula necesidad de aprobación ajena y quedarme quieta, quieta para siempre, tumbada en un prado muy verde, cerca del río, de ese río, dibujando formas de nubes inventadas, nubes elefantes, nubes selvas tropicales, nubes bicicletas. continúo sin escribir para mí porque, siendo sincera, me quería contar otra cosa, algo mucho más honesto que toda esta verborrea ya demasiado repetitiva. en fin, no puedo. así que quizás debería pararme aquí sin haber dicho apenas nada con sentido, nada con sentido en absoluto más que "mírame, hola, estoy aquí, aún estoy aquí, continúo aquí y me encantaría, me gustaría mucho que me miraras y te bañaras conmigo en ese agua helada para siempre".

1 comentario:

Isabel Casado dijo...

Qué difícil renunciar a escribir desde el ego. Me gustó tu forma de escribir. Un saludo. Isabel