5 de febrero de 2018

madre

la última vez que jugué con la nieve tenía siete años y ya no queríamos a papá
ese día comimos en un bar de carretera, remoto y lúgubre
cansados de buscar durante horas un sitio donde estar
te dije: "soy la única niña aquí" y tú dijiste irritada: "seguramente seas la única niña que ha pisado este lugar"
nos sentamos en la única mesa libre, al fondo de ese comedor estrecho 
los camioneros me sonrieron y su rostro tosco y grave se me antojó dulce y suave como un copo de nieve
nevó mucho ese día
recuerdo que tuvimos que pasar la tarde jugando a las cartas sobre el mantel sucio de la comida
hasta que el temporal amainó
guardo las últimas fotos de una familia aparentemente feliz
el matrimonio y su única hija pasando un domingo invernal en la sierra
los tres sabíamos que sería el último y a los tres nos aterraba lo que vendría después
de camino a casa nadie habló, nos limitamos a escuchar los mismos éxitos de los ochenta una y otra y otra vez hasta que al fin llegamos
las cajas se expandían por el sótano y mis muñecas ya no me esperaban ansiosas en la cama
yo no sabía que tenía que hacer y te seguía a todas partes intentando imitar tu aparente serenidad
cenamos las dos solas ese día y me acostaste temprano
teníamos miedo
a la mañana siguiente nos fuimos y ya no volveríamos a esa casa nunca más
papá nos llamaba todos los días a la misma hora, las nueve y cuarto de la noche
y, a veces, venía a dormir a nuestro nuevo piso con una mochila repleta de camisas para planchar
ya no le queríamos pero nos daba pena su abandono
no nos gustaba ni su egoísmo ni su furia ni su soberbia
pero nos siguió dando pena un millón de años más
lo cierto es que no volvió a nevar como aquel día
todos los años por estas fechas los telediarios se empeñar en recordárnoslo
nos siguió dando pena un millón de años más

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