29 de enero de 2019

poemas desde el trabajo: lo personal es político o cómo lo envilecieron las multinacionales para las que trabajo

estoy aquí, erguida y rígida
frente a una pantalla que me conecta con desconocidos
los fines de semana
trabajo en una de esas empresas de Atención al Cliente
que incumple con creces
cualquier derecho recogido en el Estatuto de los Trabajadores 
llamamos a desconocidos aunque nos explote la vejiga,
aunque se muera nuestra madre,
aunque no hayamos comido en siete horas,
precisamente por eso,
porque necesitamos comer 
llamamos a desconocidos
y les instamos a participar en una encuesta repugnante:
almacenan datos y más datos de cada uno de nosotros
para vendérselos a multinacionales 
el comercio del siglo, el mercadillo de la indignidad humana 
hablo con ancianos que se sienten solos,
adultos que se sienten solos,
jóvenes que se sienten solos
es posible que muchos otros no se sientan solos pero yo,
erguida y rígida frente a una pantalla ocho horas al día,
sí me siento sola y no puedo evitar sentirme también desesperada:
en la lista imaginaria en la que apunto las emociones que registro
en la modulación de la voz de los desconocidos
la tristeza ocupa el puesto de honor 
a veces, algunos de ellos,
los que después incluiré en la lista de los desesperados,
suspiran amargamente en un gesto aprehendido de cobardía
contra su verdadero impulso natural: el llanto 
la encuesta, preguntas y respuestas breves y rápidas,
se entrelaza con la vida de los encuestados
formándose el mosaico de relatos de lo que somos,
la amalgama de historias vividas o no con las que nos narramos
y que nos permiten enunciarnos en un yo
hablamos de su divorcios, de su enfermedades,
de su precariedad laboral
pero también de su compañía telefónica,
 de su tarifa móvil, de su uso de las redes sociales,
de los diarios que leyó u hojeó durante el día de ayer a través de internet
y también de su juventud perdida,
de su último matrimonio,
de su despido inesperado
que forzó la salida de la universidad de su hijo pequeño 
a veces, me quedo paralizada, escucho a mi interlocutora y pienso: 
¿estaré hablando con la próxima víctima de terrorismo machista?, 
¿con la próxima mujer que se suicide
como respuesta final a la última carta de desahucio?, 
¿la joven rumana que no quiso continuar la entrevista
y que colgó precipitada sería una prostituta
en una red de trata que trafica con mujeres?
otras veces,
cuando el sistema de llamadas comunica durante varios minutos
sigo intentando vislumbrar las respuestas inciertas
de mi propia encuesta personal: 
¿me independizaré algún día?,
¿tendré un sueldo propio, una vida propia, deseos propios
 --- no contaminados por este miedo,
aberrantemente corpóreo, que quiere dominarlo todo? 
e incluso a veces,
me da tiempo a escribir junto al número de encuestas realizadas: 
¿qué será del amor?,
¿seguirá siendo ausencia, deseo de aquello que no se posee,
que se mantiene lejos, escurridizo,
que a penas se entreve entre las prudentes certezas de lo demasiado cotidiano?
nunca da tiempo a mucho más, alguien descuelga
y paralizo violentamente algo en mi interior que me impulsa a decir: 
¿te importa si charlamos un rato?

1 comentario:

Marcos dijo...

Vaya, muy interesante este tramo y su título, no sé cómo he llegado a el. He tenido que abrir una carpeta "Blogs interesantes" para guardar la dirección... me he acordado de este texto: https://www.syti.net/ES/SilentWeapons.html por si lo quieres leer.